La Caza de la Serpiente: Capítulo 1

La Caza de la Serpiente Capítulo 1
Jamás cosa por grande o terrible pudo amedrentarme.
Yo mismo me he buscado los peligros,
y en arrostrarlos he alcanzado generosidad y nobleza.
Y no he tenido otro compañero ni auxiliar que mi buen ánimo,
las lanzas aljatties y las espadas destructoras.
He sojuzgado a las gentes de todos los señoríos
y he combatido por la gloria hasta no hallar con quien combatir.
Mis obras han terminado con mayor grandeza y esplendor
el edificio de gloria que empezaron a levantar Abd al-Malik y Amir.
Yo, en fin, he ensalzado más y más con nuevos blasones
los antiguos de mi estirpe que de padres a hijos me han venido
en herencia desde Maafir.
ALMANZOR (versos citados por Ibn-Said y copiados por al-Maqqari)

Capítulo 1

Imaginad una ciudad en llamas. Sí, usad mejor vuestra imaginación, porque como tengáis que pasar por ello, vivirlo, os perderéis todo el encanto del espectáculo, ocupados como estaréis salvando el pellejo. El fuego cobra vida, como un siniestro dragón del infierno, y luego es alimentado por la mano del hombre, y todo se vuelve negro a sus pies e incandescente en las alturas. Aquí demuestra su origen divino, como Primera Ira de Dios, implacable, imparable, indestructible; también enseña su cara diabólica, desafiando al cielo con su resplandor, consumiendo la tierra en un puro acto de narcisismo. Las llamas lamen los muros con libidinosa dedicación, desnudan los hogares y los aprietan entre sus manos, con fuerza, convertidos en pechos de una súcubo, la villa, sometida a la voluntad del elemento primordial. Creeríais, de verlo, hallaros ante el nacimiento de un nuevo sol, que viene directamente de las entrañas de la tierra y quiere alzar el vuelo, y le arranca la vida a las piedras, digiere las vigas de madera, y bebe la paja de los tejados, en su camino de ascensión. Y la carne, ¿qué ocurre con la carne de los hombres entre tanto?; ¿qué ocurre a ras de suelo, donde el aire se extingue y el calor se vuelve inhumano?, ¿qué pasa cuando los pulmones estallan, los ojos hierven en sus cuencas, la sangre se transforma en vapor y revienta las venas, y las vísceras se funden en una única masa amorfa pegada a un negruzco esqueleto? La respuesta es tan simple... Hay que hacerle frente a la Muerte.

Imaginad ahora a dos hombres en medio de la vorágine; hay más individuos pululando en derredor, por supuesto, pero detengámonos un momento en estos dos y observémoslos de reojo, no vayan a darse cuenta de que son objeto de nuestra curiosidad, pues aunque parezca que toda su atención está concentrada en el oponente, sus instintos son fuertes. Fijaos bien en ellos, plantados cara a cara, armados, y por lo tanto, dispuestos a batirse. Enarbolan sus espadas para luchar a muerte, mientras Santiago arde.

Imaginad, pues, es el año 997 y Santiago está en llamas, padeciendo una plaga bíblica, y en una de sus calles, flanqueados por columnas de fuego y humo, dos guerreros a quienes le trae sin cuidado que haya llegado el fin de la cristiandad y del mundo, pues se han encontrado después de mucho y es hora de ajustar algunas cuentas. Nadie se libra de la muerte ni de los impuestos, dice un antiguo refrán; pues bien, ha llegado la hora de la recaudación y ninguno de los dos quiere sueldos de plata sino sangre en la espada, la sangre del otro en la espada propia. Y mientras las sombras danzan al compás del chisporroteo y las explosiones, del rugido del derrumbe y el silbido de la madera, y hombres de piel oscura propagan la calcinante palabra de Alah, Mahoma y Almanzor montados a caballo hasta el último rincón de la urbe, otros dos aprietan los dientes, encogen los testículos y se lanzan al ataque.

* La caza de la serpiente es una obra del escritor albaceteño Juan García Rodenas, que nos ha cedido para su publicación semanal, cada jueves, en www.elpincho.net. Esta novela fue creada por su autor en el blog El juego del muerto, desde el 1 de junio del año 2013, fecha en la que publicó el primer capítulo, hasta el 12 de agosto del mismo año, cuando la novela llegó al final con el capítulo número 32. 

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