Al Artista

Al Artista

No puedes quitarle al artista

su pluma, su pincel o su teatro

pues se queda huérfano de alma.

 

Aunque muera suburbano en su refugio 

rodeado de cerveza y de escasez.

Aunque firme como un vagabundo

despeñado por la vida,

no puede dejar de ser él.

 

No abandonará su aullido melancólico

ni la baba delatora de su estado de embriaguez.

Del murmullo de sus voces de conciencia

al insconsciente creativo

concedido por los Dioses,

hay un paso destinado franqueable

una llave de una puerta con un nombre:

El artista.

 

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